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Toda enfermedad acaba tarde o temprano, pero debemos plantearnos si somos lo suficientemente fuertes como para superarla.







Desde hace varios años en mi familia estamos atravesando una etapa de mucho dolor y tristeza, pero a la vez de aprendizaje constante, por el hecho de tener a mi padre con la enfermedad del Parkinson.


Creo que la solución para llegar a buen puerto, con un problema cotidiano siempre es el enfrentamiento, buscar soluciones y seguir adelante. Cuando tenemos que enfrentarnos a una situación que conlleva una grave enfermedad en un familiar o amigo, la mejor forma será involucrándonos en la medida que podamos, teniendo claro nuestros sentimientos y miedos al respecto y aceptando la situación que nos toca vivir.


Es por eso que la ayuda psicológica para los pacientes y los familiares, de forma individualizada y grupal, es de gran importancia para superar la enfermedad; para ayudar al paciente a aceptar su enfermedad y a convivir con ella.


La vida familiar, social y laboral se altera por completo ante la aparición de una enfermedad, más aún si ésta es irreversible o degenerativa, situación que obliga al paciente a cambiar de manera radical su modo de vida.


Hay enfermedades para las que la medicina actual no tiene soluciones o cuyos tratamientos no logran los resultados esperados. Por esta razón, recibir la noticia de que se padece una dolencia de este tipo es un duro golpe para quien la sufre y para sus familiares.


Sin embargo, desde la psicología, se afirma que se puede convivir con una enfermedad de estas características, después de superar una serie de etapas, que pasan por la negación de la situación, en primer lugar, y por cierta rebeldía después.


Son actitudes normales que con el paso del tiempo y la ayuda de los seres queridos, suelen desembocar en una última fase de aceptación y adaptación, aunque la tristeza y los episodios depresivos pueden aparecer de manera continuada.


En este sentido, las asociaciones de apoyo realizan una labor excelente, favoreciendo que enfermos y familiares aprendan a conocer la enfermedad, a aceptarla y a sacar el máximo partido a la vida con las limitaciones progresivas, a las que pueden verse sometidos los enfermos.


Vivir el presente: Disfrutar de lo que se tiene y no sufrir por lo que se pueda perder.
Medir la vida en términos de calidad, no de cantidad: Intentar ver la vida en profundidad, "a lo ancho, lo alto y lo largo, y no solo a lo largo, por los metros recorridos".


Para tener una referencia de esta enfermedad: La Enfermedad de Parkinson, es una enfermedad neurodegenerativa, que afecta primariamente estructuras como la sustancia negra y el estriado, suele comprometer también la corteza cerebral, el sistema límbico y el hipotálamo, tiene un origen desconocido, reconociéndose múltiples factores en su aparición con un fuerte componente genético cuya importancia puede variar en diversas situaciones.


La Enfermedad de Parkinson es de carácter crónico, progresivo y lento, que afecta a la zona del cerebro encargada del control y coordinación del movimiento, del tono muscular y de la postura. En esta zona, llamada sustancia negra, existe un componente químico, la dopamina, compuesto esencial para la regulación de los movimientos, es decir, para que los movimientos se realicen de una forma efectiva y armónica.


Así, en la Enfermedad de Parkinson se produce una "degeneración" de la sustancia negra (de causa desconocida) cuya consecuencia es la disminución de la dopamina. Es por ello que las principales manifestaciones de la enfermedad expresan un control deficiente de los movimientos: Temblor, lentitud generalizada (bradicinesia), rigidez y alteraciones de la postura y de la marcha.


En la enfermedad de Parkinson, es importante reconocer los síntomas psicológicos y neuro-psiquiátricos, tales como los trastornos del estado del ánimo, la ansiedad, los estados psicóticos (delirios y alucinaciones), o los trastornos sexuales porque son muy frecuentes y repercuten en la calidad de vida.


La depresión en la enfermedad de Parkinson es uno de los trastornos emocionales más frecuentes. Hoy en día, la cifra de afectados de enfermedad de Parkinson que desarrollarán síntomas depresivos en algún momento a lo largo del curso de la enfermedad se sitúa alrededor de un 30-50%.


Las mujeres con enfermedad de Parkinson presentan más riesgo de padecer depresión que los hombres. A su vez, las personas que antes de sufrir la enfermedad de Parkinson ya habían padecido depresión tienen más probabilidad de volver a presentar un nuevo episodio depresivo.


También se ha descrito mayor riesgo de padecer depresión en personas que inician la enfermedad de Parkinson a una edad temprana y en las que los síntomas parkinsonianos predominan en el lado derecho del cuerpo.


Los afectados con síntomas de rigidez y dificultad para iniciar el movimiento tienen mayor probabilidad de padecer trastornos depresivos.


La depresión en la enfermedad de Parkinson se asocia a una mayor rapidez del deterioro de las funciones cognitivas y motoras, influyendo de manera importante en la calidad de vida del paciente.


Es por eso que en la enfermedad de Parkinson es importante diferenciar la inquietud ansiosa de la acatisia (inquietud interna que se manifiesta como una dificultad para permanecer quieto), que es consecuencia del tratamiento con fármacos antiparkinsonianos.


Los afectados de esta enfermedad de Parkinson experimentan con frecuencia sentimientos de ansiedad, tensión y nerviosismo. Aproximadamente, uno de cada tres afectados de enfermedad de Parkinson sufre problemas de ansiedad, que pueden ir desde la inquietud hasta las crisis de angustia.


En la mayoría de los casos, los problemas de ansiedad se acompañan también de síndromes depresivos.


Por ejemplo cundo se habla de "crisis de angustia" cuando la ansiedad se presenta de forma brusca, intensa y durante un breve periodo de tiempo. Este problema también es frecuente en la enfermedad de Parkinson: dos de cada diez enfermos pueden sufrirlo.


En algunos afectados de enfermedad de Parkinson, el inicio de los síntomas motores, como la congelación de la marcha, pueden generar crisis de angustia. En otros, pueden experimentarse episodios similares a los ataques de pánico en fases off de la enfermedad.


Los afectados de enfermedad de Parkinson buscan ayuda psicológica a menudo, por la ansiedad experimentada en las relaciones sociales.


Muchos sufren ansiedad ante la necesidad de recibir ayuda por parte de los demás, y otros experimentan sentimientos de inseguridad en las relaciones sociales. En algunos casos, la ansiedad social se complica: la persona vive con temor exagerado y persistente ante una o más situaciones de relación social, con miedo excesivo a la crítica por parte de los demás, y en consecuencia tiende a evitar estas situaciones sociales.


CONSEJOS UTILES SOBRE PSICOLOGÍA PARA PACIENTES


Aceptación de la enfermedad.
Aceptación y adaptación a los cambios.
Mejorar el estado anímico / control de emociones.
Mejorar la calidad de vida.
Fomentar relaciones sociales y familiares.
Estimular la autonomía.
Fomentar la vida activa.
Aumentar el autoconcepto y la autoestima.
Estimular la toma de decisiones.
Favorecer el autocontrol.
Proporcionar la información necesaria.
Cuidar al cuidador.

2 Responses so far.

  1. gracias por la información.La aceptación ayuda, pero a veces la mirada del otro molesta

  2. gracias por la información.La aceptación ayuda, pero a veces la mirada del otro molesta

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