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Archive for abril 2011

¿Qué es la violencia doméstica?

Primero que todo, es preciso definir con claridad qué constituye violencia. ¿Consiste únicamente en golpear a alguien físicamente?


Hasta hace poco se creía en general que la única forma de violencia era la física. Sin embargo, la psicología moderna nos ha hecho más conscientes de las necesidades de los seres humanos.


Ahora sabemos que existe otra clase de violencia que también causa daño a las personas: la violencia psicológica o el maltrato verbal.


La destrucción sistemática de la autoestima de una persona por medio de la crítica, los insultos, la burla o el abandono también constituye maltrato y violencia. No hay duda de que a veces los golpes al alma pueden herir mucho más que los golpes al cuerpo, incluso pueden dejar heridas mucho más profundas y duraderas que las heridas corporales.


La violencia infantil incluye no sólo el maltrato físico, sino también los gritos, los regaños vehementes, el castigo excesivo, el abandono o la falta de atención, aceptación y amor -- tan indispensables para el bienestar emocional y social de los niños.


Otro tipo de violencia doméstica, y en este caso matrimonial e infantil al mismo tiempo, es criticar o condenar al cónyuge o usar al hijo para herirlo. Esto ocurre especialmente entre esposos divorciados o en proceso de divorciarse.


Las razones por las cuales la violencia psicológica es más difícil de reconocer y erradicar es porque sus víctimas en general continúan sufriendo en silencio y porque, al contrario de los efectos de la violencia física, sus heridas no son evidentes a la vista. Peor aún, cuando los que sufren esta violencia recurren finalmente a la ayuda de otros, frecuentemente no son comprendidos o incluso no se les trata con justicia.


Por último, este tipo de violencia ocurre en la privacidad del hogar, de manera que pasa desapercibida al mundo exterior, a veces, durante años. Sin embargo, según los expertos, la violencia psicológica casi siempre precede a la violencia física.


Hay otra clase de violencia doméstica. Se trata de presionar o coaccionar a una mujer para que use peligrosos anticonceptivos y abortivos, para que se esterilice o para que aborte a su hijo no nacido. Innumerables mujeres, especialmente en los países en desarrollo, sufren presión o de hecho son forzadas a cometer estos y otros actos que son intrínseca y gravemente inmorales.


Hace poco, el programa de esterilización en el pais de Perú, en el cual se utilizó la presión y la coacción y que les ocasionaron la muerte a por lo menos 18 mujeres, fue denunciado en los medios de comunicación de Estados Unidos. Sin embargo, el movimiento feminista extremista de ese país no emitió ninguna protesta ante esta violación tan infame de los derechos humanos de tantas mujeres peruanas.


¿Por qué tantas mujeres continúan soportando la violencia doméstica?

A pesar de los maltratos, a menudo es difícil lograr que la mujer victimizada haga algo para detener el abuso. En el caso del maltrato psicológico, desafortunadamente muchas veces las propias mujeres que lo sufren permanecen voluntaria o silenciosamente en esa situación, porque creen que el maltrato psicológico no es lo suficientemente serio o dañino como para intentar detenerlo.


Algunas mujeres piensan que no les creerán cuando denuncien a su victimario, ya que éste presenta a menudo una falsa imagen de sí mismo ante los demás. Los victimarios tienden a manifestar comportamientos extremos, tanto de bondad como de crueldad. Quizás también las mujeres víctimas sienten vergüenza de tener que informar a otros de algo que ellas han permitido que continúe.


La mayoría de ellas temen la venganza de sus victimarios o el tener que enfrentarse solas a la vida. Todas ellas sufren en general de problemas emocionales, de una baja autoestima y de una incapacidad para establecer límites.


La violencia doméstica es una enfermedad contagiosa


En los hogares disfuncionales donde un cónyuge maltrata al otro, el maltrato de los hijos es común. De hecho, "el maltrato infantil es 15 veces más probable que ocurra en las familias donde existe la violencia doméstica [entre los cónyuges]". Debido a que el maltrato conyugal ha alcanzado proporciones tan alarmantes en nuestra actual "cultura de la muerte", "cada año más de 3 millones de niños corren el riesgo de presenciar la violencia entre sus padres".


Desafortunadamente, una mujer que sufre el maltrato de su esposo o novio está tan preocupada tratando de defenderse, que muchas veces no se da cuenta del daño psicológico que sus hijos están sufriendo. Cuando una mujer permite que continúe este tipo de maltrato, se dan serias consecuencias psicológicas para los hijos de esa unión, aún en el caso de que ellos mismos no sean las víctimas directas del maltrato.


Los efectos psicológicos en estos niños aflorarán años después. En muchos casos ellos mismos se convertirán en victimarios o en víctimas. Sus padres son el modelo que ellos han estado presenciando. "Los hombres que han sido testigos de la violencia entre sus padres son tres veces más propensos a maltratar a sus esposas que los hijos de matrimonios no violentos. Los hombres que son hijos de los padres más violentos son 100 veces más propensos a convertirse en victimarios de sus esposas".


La violencia destruye los matrimonios

Como el respeto mutuo no existe en una relación caracterizada por el maltrato, a menudo el amor desaparece en los matrimonios que continúan en esa situación durante mucho tiempo. Ambos cónyuges tienen que reconocer que necesitan ayuda y deben recurrir a ella juntos, si no, ese matrimonio tiene pocas esperanzas de sobrevivir.


¿Qué se puede hacer?

Aunque las víctimas de la violencia doméstica en la mayor parte de los casos han sufrido en silencio durante muchos años y no han recibido la ayuda que necesitaban, la sociedad actual ha reconocido por fin que hay que denunciar y erradicar este terrible mal.


Muchas organización están luchando para erradicar la violencia doméstica y están dando ayuda tanto víctimas como a victimarios.


Tanto la víctima de la violencia doméstica como su victimario están emocionalmente enfermos y necesitan ayuda. Ninguno de los dos puede recibir ayuda hasta que no reconozcan que el maltrato existe. No se benefician en lo absoluto manteniendo este horrible secreto, sino que deben compartirlo con aquellos que pueden ayudarlos: un psicólogo o un psiquiatra.


¿Qué puede hacer la víctima de esta violencia si su esposo no quiere buscar ayuda (lo cual es un serio deber), sino que continúa infligiéndole serios daños físicos o psicológicos a su esposa o la amenaza con realizarlos?


Si los esfuerzos para resolver esta situación continúan fracasando o cuando el ataque parece estar próximo, la mujer tiene el derecho (y el deber) de escapar y buscar refugio en otro sitio – con su familia, amistades o en refugios especiales disponibles para ello. Su salud física y mental, en realidad su propia vida, se encuentran en peligro. (Por supuesto, si hay niños presentes, todo esto se refiere a ellos también.) La separación física de esta situación puede ser buscada incluso durante el proceso mediante el cual el victimario voluntariamente busca y recibe ayuda, ya que muchas veces el proceso de curación psicológica tiene sus recaídas.


Debemos estar dispuestos a ayudar a las víctimas de la violencia doméstica a escapar de este círculo vicioso de maltrato físico o psicológico, para que así puedan recobrar su autoestima y descubrir su dignidad como criaturas de Dios que son.

Fuentes: 1. Straight Talk About Violence (folleto), Christopher News Notes, 12 East 48th Street, New York, NY 10017, julio de l995. Aviso: En esta fuente se hace referencia a un programa de UNICEF para combatir la violencia entre niños y jóvenes. Lamentablemente, UNICEF se ha involucrado en la distribución de anticonceptivos, incluyendo aquellos que son abortivos. UNICEF también ha colaborado con otros organismos de las Naciones Unidas que promueven el aborto. 2. U.S. Department of Justice. Bureau of Justice Statistics. National Crime Victimization Survey. Selected Statistics on Violence Against Women, agosto de 1995. 3. "In Florida, a person is killed by a family member every 36 hours", The Miami Herald, 9 de octubre de l994, 1J. 4. U.S. Department of Justice..., agosto de 1995. 5. Ibíd. 6. Women Healing the Wounds. NCCW Responds to Domestic Violence Against Women (folleto), National Council of Catholic Women, 1275 K Street, NW, Suite 975, Washington D.C., 20005. 7. Ibíd. 8. W. Stacy, y A. Shupe.

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"Sólo una cosa vuelve un sueño imposible: el miedo a fracasar."Paulo Coelho


Esta semana tuve una conversación con una persona con todos estos temores y conflictos, en nuestro diálogo pude percibir esos miedos, esos temores que estaban implícitamente latentes, y pensaba en que todos, en algún momento experimentamos a lo largo de nuestra vida el miedo a fracasar.


Este miedo es uno de los temores mas comunes en nosotros los seres humanos, y el grado de afectación en nuestra persona, variara de acuerdo a otras características personales de cada individuo.


Es así que el miedo es una emoción normal y universal, necesaria y adaptativa que todos experimentamos cuando nos enfrentamos a determinados estímulos, tanto reales como imaginarios, por ejemplo los niños, a lo largo de su desarrollo sufrirán y experimentarán numerosos miedos: a la separación, a los extraños, a los ruidos fuertes, a la oscuridad, a quedarse solos, a los animales, al colegio y así podríamos seguir enumerando.


La mayoría serán pasajeros y no representarán ningún problema, irán apareciendo y desapareciendo en función de la edad y del desarrollo psiconeurológico.


Pero una de las cosas más difíciles en nuestra vida es aprender a equivocarnos. Y con esto no me refiero al hecho en sí de fallar, de cometer un error, ya que eso es muy fácil, sino de equivocarnos y no derrumbarnos, de saber reconocer un error sin sentirnos terriblemente humillados.


Es el miedo, una emoción con la que todos nacemos, cuya función adaptativa es la de protegernos o proteger lo que amamos ante estímulos que percibimos como peligrosos.


Podríamos preguntarnos ¿Cuales son nuestros miedos? ¿Cuáles son tus miedos? Miedo a fracasar, miedo a las pérdidas, miedo a equivocarnos, miedo a las alturas, miedo a volar, miedo a no ser queridos, miedo a emprender algo nuevo, miedo a obtener un resultado diferente al imaginado, miedo a formar una pareja, miedo al futuro, miedo a la vida, miedo al éxito, miedo a la muerte… la lista podría ser interminable.


Cada cual podrá escribir la propia, coloreándola y justificándola con su propio estilo con el peligro inherente de transformarnos en fugitivos de la vida.

Pero es importante saber, que los fracasos son algo connatural al hombre, le siguen como la sombra al cuerpo. No existe persona en el mundo que no se haya equivocado alguna vez.

Debemos aprender a darnos cuenta, de que no es una tragedia equivocarse, puesto que la calidad y superación de toda persona no está en no fallar, sino en saber reponerse de sus errores y simplemente, seguir adelante.


Si el miedo nos tomó cautivos y se apoderó de nosotros, es porque previamente uno o varios pensamientos negativos se instalaron y dan vueltas una y otra vez por nuestro cerebro. Pero la buena noticia es que somos dueños de nuestra mente y que entre todas las categorías de pensamiento podemos generar voluntariamente pensamientos funcionales que nos guíen hacia el movimiento y la acción.


Estoy completamente seguro que muchas veces sentimos miedo frente al fracaso, al rechazo, a las pérdidas y mucho miedo frente a los cambios. Con todos estos ejemplos nos damos cuenta que el miedo nos acompaña a través de nuestra vida y madurez manifestándose en ocasiones cuando tenemos incertidumbres sobre nuestras relaciones, nuestra vida futura; es decir cuando sentimos inseguridad.


Reflexonando en este tema tan delicado, no podemos no decir, que errores los cometemos todos, porque somos seres humanos imperfectos, no existe la perfección aunque muchos deseen imitarla. Asiento un énfasis en que queda en nosotros encontrar el lado bueno de cada mal paso que se nos presente. Algunos sacamos de nuestros errores enseñanzas, experiencias para el futuro y sobretodo humildad al reconocer que nos equivocamos, mientras que otros sólo obtienen amargura y pesimismo. ¿Cuál de ellos somos nosotros?


Ahora bien hagamos reflexión: ¿Cuántas veces durante nuestra existencia hemos sentido miedo y hemos dejado de hacer cosas que podían ser importantes o trascendentes? ¿Qué precio hemos pagado por ello? ¿Cómo nos sentimos al comprobar que nos quedamos parados en la inacción?


Pero gracias a la naturaleza dual de la cosas, muy probablemente también recordemos otras situaciones, aquellas que enfrentamos a pesar de nuestros miedos. ¿Cómo nos sentimos frente a esas otras experiencias? ¿Qué crédito nos dejaron? ¿Qué otras emociones asociadas aparecieron? ¿Cuál fue el impacto que tuvieron en nuestro crecimiento y en nuestra transformación personal?


Entonces para no quedarnos inmovilizados y vivir la vida que merecemos vivir, la única alternativa válida es atravesar la puerta que nos permita salir a jugar el juego que deseemos jugar. Tomando conciencia del miedo, reconociéndolo, aceptándolo y abrazándolo como un mensajero aliado que nos trae una carta esperada y observando las explicaciones que le estamos dando a esa emoción, podremos continuar con el paso siguiente: afrontar la realidad, canalizar ese miedo en acciones concretas que nos llevarán por el camino acertado, al lugar elegido, aún corriendo algunos riesgos.


Porque cada uno de nosotros como seres activos que somos, realizamos cosas, actos, tareas... que con frecuencia son un fracaso, son mediocres, y no alcanzan la eficiencia y calidad adecuadas. Confundir lo que hago con lo que soy es incorrecto y lleva a tener una autoestima baja cuando son frecuentes en la persona los fracasos.


Alguien dijo alguna vez que muchas veces construimos escenarios peligrosos, donde el peligro no existe como tal, donde las fieras acechando sólo existen en nuestra imaginación, pero cobran vida con nuestras interpretaciones y así buscamos ampararnos o refugiarnos en nuestro territorio conocido, en nuestra zona de confort, perdiéndonos las posibilidades magníficas que podrían ocurrir al transitar más allá del miedo.


Para manejar el miedo es importante reconocer y aceptar que se tiene miedo. Una vez hecho esto, pasamos entonces a reconocer a qué le tememos. La mayoría de las veces nos cuesta mucho reconocer exactamente a qué le tememos.


El mejor desafío es atravesar los miedos para transformarlos en experiencias positivas de vida...


"No esperes por el momento preciso. Empieza ahora. Hazlo ahora. Si esperas por el momento adecuado, nunca dejarás de esperar. "

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