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No puede hablar del amor quien no haya amado, ni del dolor no padecido, sólo la verdad se ha revelado con la experiencia que ha tenido.


Creo que estamos inmersos en una sociedad de consumo donde todo se compra y se vende para ser usado. La línea divisoria entre objeto y persona ya no es tan nítida como solía serlo cuando no todo se podía comprar.




Por eso todo ser humano necesita amar y ser amado. La falta de amor produce una sensación de aislamiento y no pertenencia y un sentimiento de vacío difícil de llenar.


Cuando le preguntaron a Sigmund Freud al final de su vida lo que es para él un ser humano sano, contesta: «Aquel que es capaz de trabajar y de amar».


En efecto, todas las patologías que trata el psicoanálisis tienen un factor en común: sus inhibiciones a la hora de amar. El neurótico, el psicótico, el perverso, el psicosomático están absorbidos en sus pasiones, y pasión, ya lo sabemos desde Freud, sólo hay una: yo mismo. Yo, esa ilusión, ese intento siempre fracasado de reconstruir en el espejo, para no morir, la madre primitiva que lo podía todo.


Muchos creen que el amor es cuestión de suerte, como una lotería, sin embargo no es así, porque el amor verdadero exige esfuerzo y sabiduría.


El tema del amor ocupa mucho lugar en nuestras vidas; cataratas de palabras se han escrito sobre el amor, miles de canciones están basadas en el amor y hasta las tragedias pasionales tienen que ver con el amor.


Para el psicoanálisis el amor es del orden del deseo: no una pasión imaginaria donde el sujeto tiende, sin conseguirlo, a completarse sino un don activo. Cada vez que vuelvo a caer en la ilusión de completar tengo inhibiciones para trabajar, para amar, para crear. El sujeto, cuando acepta que no puede poseer al otro acepta su carencia y se transforma en sujeto deseante en continua transformación.


El amor surge, por lo tanto, ahí donde un amado se transforma en amante, es decir un deseable en deseante.


La mayoría de las personas pretende ser amada y todo el esfuerzo está orientado a atraer a alguien que la ame dispuesto a satisfacer su necesidad de afecto, sin tener en cuenta la propia capacidad de dar amor.


Nadie cree que sea necesario aprender algo sobre el amor porque lo consideran un arrebato propio de la naturaleza, confundiendo de esta manera una ocasional experiencia emocional con el amor verdadero.


Tampoco nadie quiere renunciar al amor romántico y desean que luego se consolide y se transforme en algo siempre romántico pero también serio, comprometido y que logre trascender los avatares del tiempo.


En estos tiempos podemos ver que las elecciones de pareja, ya no se basan en sentimientos, sino en requisitos que hay que cumplir dentro del espectro de la demanda general, determinado por la cultura y las modas.


Para Peck el amor es compromiso de crecimiento y de libertad, es expansividad física y espiritual. El acto de amar implica coraje y supone riesgos de asumir compromisos, cambiando con ellos el mapa de nuestra realidad.


De esta manera cada uno ofrece su mercadería tratando de que en el intercambio no exista un desequilibrio de valores que pueda interferir en la relación.


Por eso el amor es una piedra angular de nuestra humanidad; solamente el amor nos protege lo suficiente para crecer y para cambiar. Y cada vez más, es el elemento ausente en nuestras vidas, por lo demás afortunadas.


El amor sólo es posible cuando la comunicación entre dos personas no se realiza desde la superficialidad del ego sino desde la parte esencial de ellos mismos. No es algo estático ni tranquilo, es un desafío constante de dos libertades que quieren por sobre todas las cosas crecer y estar juntos.


El escritor Carlin Flora habló con una variedad de expertos de los que podríamos esperar que proporcionan una comprensión de estas cualidades. Desde investigadores de la familia hasta agencias matrimoniales, cada uno ha visto incontables parejas unirse y separarse después. Y cada uno sugirió lo mismo: ¿Estamos mirando al amor equivocadamente?


No obstante, cualquier persona que se ha acercado lo suficiente, ha leído a Jane Austen o Danielle Steele, o escuchado a Frank Sinatra o Celine Dion, sabe que no hay elixir como el amor.


Lo único que puede salvar al hombre del mundo robotizado que ha creado es el verdadero amor, interpretado como una unión cuya condición esencial es el respeto por la propia individualidad.

La llegada del amor o su triste partida no solamente es el drama más grande de nuestras vidas privadas sino que está en el centro de nuestras vidas públicas también.


Es, por ejemplo, un punto de destello político garantizado: ¿Exactamente el amor de quién tiene derecho a recibir el reconocimiento cívico o religioso? ¿Y quién recoge los pedazos cuando termina? Porque el amor puede ser un sentimiento muy bonito y bello cuando la emoción es sana y somos correspondidos. Pero cuando no es así, ésta puede llegar a tornarse sumamente dolorosa. Los abogados pueden darse grandes cenas gracias al amor roto, Como toda pérdida, tendrá sus fases: lloro, desconsuelo, incredulidad de que nos haya podido pasar, furia y rabia, necesidad de buscar culpables...


Es normal que nos pase algo de esto, y así debemos asumirlo. En cierto modo, hay una perdida y normalmente entendemos que es irrecuperable por ese mismo motivo desde la psicología se plantea que tras una separación vivenciamos un proceso de duelo.


El sentimiento de aislamiento es propio de la naturaleza humana y es el origen de la angustia. La vida del hombre de hoy se centra en cómo superar su soledad.


Resulta difícil lograr superar el estado de separación y lograr recuperar el anhelo de pertenencia y unión, en una sociedad donde el individuo no se puede diferenciar del otro. La masificación atenta contra la identidad y nos convierte en objetos que son más valorados y aceptados en la medida que hacen, dicen, usan, y piensan lo mismo.


Por eso cuando uno de nosotros está capacitado para crear. Crear es la expresión más alta del amor: dar lo que no se tiene a quien ni siquiera conozco.


En Psicología de las masas Freud escribe que en el desarrollo de la Humanidad, como en el individuo, es el amor que ha revelado ser el principal factor de civilización, y aún quizá el único. El amor nace de un trabajo en común. En efecto, no hay amor sin un trabajo: el trabajo de producir sin descanso el amor, el trabajo de transformarse en humano. Y lo que nos hace humanos es encontrarnos con el lenguaje, sumergirnos en el mundo del deseo.


El amor sigue siendo algo que todos nosotros anhelamos, al menos en su extremo de recepción, pero que también nos resulta difícil de encontrar, o reconocer (o de mantener); y a veces, de dejarlo ir.


Por supuesto, querríamos que alguien compartiera nuestra risa, ser su mejor amigo así, alguien que no sólo escuche nuestras dudas y celebre nuestros triunfos sino también alguien que se suba a nuestro coche, para una escapada improvisada. Deseamos ser una mitad de un par cuyas características personales se mezclen tan bien, que nos hagan permanecer orientados el uno al otro en un mundo hiperestimulante como este. Tal certeza reside solamente en la compatibilidad, ese guisado crítico de los rasgos que importan (si solamente pudiéramos calcular qué rasgos son esos).


Es un modo de establecer vínculos casi tan parecidos como los matrimonios arreglados de antaño, que nos parecían tan ridículos y fríos.


Sin embargo, a pesar de tomar previsiones de toda índole y tratar de encontrar alguien con intereses compatibles, las parejas fracasan.


Estos fracasos nos demuestran que mantener un amor verdadero no es innato ni prefabricado sino que exige un aprendizaje. Se puede aprender a amar para siempre a alguien si tenemos mayor conciencia de nosotros mismos y podemos verdaderamente amar a alguien correspondido y no solo pasional.


El amor no puede ser nunca un arrebato pasional, sino un acto de entrega donde dar es más importante que recibir.


No significa una forma de dar sacrificándose o sufriendo sino dar lo mejor de sí mismo convirtiendo al otro también en un dador y creando felicidad para los dos.


El amor es un poder que produce amor, siempre que ninguno de los dos sea tratado como un objeto de uso.


Si una persona no ha superado la dependencia, la omnipotencia narcisista y su deseo de manipular para conseguir sus propios fines egoístas, tiene miedo de darse y por lo tanto también miedo de amar.


La unión amorosa que respeta la individualidad es la única que puede evitar la angustia que provoca el aislamiento y que al mismo tiempo le permite a una persona ser ella misma.


Porque amar exige cuidado, atenciones, responsabilidades, respeto y sabiduría; y la esencia del amor es hacer el esfuerzo necesario para hacerlo crecer.


La responsabilidad implica estar dispuesto a responder y no significa un deber o algo impuesto desde el exterior.


Respetar a una persona significa la capacidad de ver a una persona tal cual es, tener conciencia de su individualidad única y preocuparse por que la otra persona crezca y se desarrolle tal como es, no como el otro necesita que sea, como un objeto para su uso.


La compatibilidad no encaja en un cierto inventario personal de rasgos. La compatibilidad no es algo que tenemos. Es algo que hacemos. Es un proceso, algo que negociamos conforme vamos avanzando. Una y otra vez. Es una disposición, una actitud, una buena voluntad de trabajar.


La sabiduría es imprescindible para entender al otro en sus propios términos y para llegar a conocerlo a través de la unión amorosa, sin necesidad del pensamiento.

Es como la experiencia de Dios, que no se trata de un conocimiento intelectual sino de un sentimiento de intimidad y unión con él, y el amor al otro es primer paso hacia la trascendencia.

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"Casi todo el mundo piensa que sabe qué es una emoción hasta que intenta definirla. En ese momento prácticamente nadie afirma poder entenderla" (Wenger, Jones







Cuando hablamos de este rasgo de la personalidad, tenemos que decir que se caracteriza por una variación en los sentimientos y los estados emotivos, como por los altibajos del ánimo, sin motivo o por causas insignificantes. Un problema pendiente a resolver.


¿Podemos estar convencido de tener la vida que deseamos, estar contentos con lo que nos rodea… y a los dos minutos sentirnos en el peor de los mundos?


Es que este tipo de estados se repite continuamente, estamos ante la inestabilidad emocional, un trastorno que deja huellas dolorosas y que anula relaciones valiosas en quien lo sufre. Deriva fundamentalmente de la baja autoestima y de los problemas de comunicación.


En nuestras vidas todos experimentamos momentos en que nuestro estado de ánimo fluctúa del desánimo al optimismo, en que valoramos negativamente nuestros méritos y capacidades, y en que nos sentimos aislados o poco comprendidos. Estas son respuestas emocionales normales en momentos difíciles de la vida y suelen desaparecer cuando las dificultades pasan.


Las emociones se mueven, cambian y en ocasiones lo hacen mucho y de forma involuntaria, lo cual nos produce una sensación de descontrol que conocemos como inestabilidad emocional, y la definimos como pérdida temporal del equilibrio emotivo, que afecta el normal desempeño de las personas y genera dificultades en la salud las relaciones y la productividad.


Todas nuestras emociones, por su parte, son respuestas del organismo ante eventos externos e internos. Un evento externo puede ser un cambio en el ambiente, como un ruido, una exigencia de esfuerzo o alguna situación novedosa o inesperada. Un evento interno puede ser un pensamiento o un cambio hormonal. Las emociones influyen siempre en los pensamientos y en la conducta.


La inestabilidad emocional se manifiesta a través de: períodos de tristeza, baja tolerancia a la frustración, baja autoestima, etc...


Se dice que la persona inestable vive en una montaña rusa emocional: va dando tumbos en el terreno emocional, incapaz de conservar los afectos porque los cambia según cambia el viento. Y, aunque da la impresión de ser feliz, vive con la pesada carga de no poder consolidar algo permanente.


Las personas inestables tienen dificultades para separar los diferentes acontecimientos de su vida; si tienen un problema laboral lo trasladan a la pareja, etc... Ponen a prueba a todos lo que tienen a su alrededor, para comprobar que, llegado el caso, cuentan con su ayuda....


Creo que ser ecuánime puede ser considerado un talento pero es necesario considerarla como una capacidad que se puede desarrollar con el tiempo. La ecuanimidad en los adultos es la manifestación del equilibrio emocional que debemos tener ante cualquier situación que nos presenta la vida; es el resultado del equilibrio emocional necesario para desarrollarnos espiritualmente.


Cuando nos enojamos o entristecemos, se ven vulneradas la salud y la energía en el cuerpo y la mente, deteriorando el sistema inmunológico causándonos enfermedades. Si las emociones no se controlan, estas afectan nuestra salud por el gran desgaste de energía que nos ocasionan, atentando además nuestras relaciones con los demás y afectando la voluntad y nuestra razón.


Es que la inestabilidad emocional provoca un encierro interno a pesar de sus expresiones explosivas o eufóricas. Esto genera los problemas de comunicación. Disminuye la capacidad de expresar lo que siente.


Por el contrario, confunde a los demás con explicaciones y justificaciones acerca de su estado de ánimo y reacciones. De esta manera, se hace imposible, para quienes lo rodean entender qué le pasa y qué le está afectando. Salir de este círculo es muchas veces, muy difícil. Sólo la atención psicoterapéutica, en manos de un profesional especializado, puede ayudar a la persona a superarse y encontrar armonía, equilibrio y realización personal.


Así, la inestabilidad emocional tiene su eje causal en nuestra propia mente y es allí donde puede corregirse. Para superar la fluctuación emocional hay que desarrollar la metacognición, es decir aprender a pensar sobre nuestros pensamientos, vigilar la mente, acecharla para detectar patrones, pauta o tendencias de pensamientos, ya que al reconocer los esquemas mentales negativos, es posible sustituirlos por formas mentales positivas y nuevas.


La concentración, la neutralidad, la meditación y la interpretación positiva, son soluciones estabilizadoras de las emociones que se descarrilan.


Para concluir, pienso que cuando los cambios se dan en el marco de nuestras respuestas emocionales, podemos perder el control de la conducta y de ciertas situaciones, y padecer serias consecuencias. Dos claves para comprender y manejar la inestabilidad emocional, son: la identificación y las interpretaciones.


Entonces si queremos tener estabilidad en nuestras vidas necesitamos dedicar tiempo para nosotros. Si dedicamos tiempo para nuestro ser y entendemos cómo funciona nuestra mente y cómo podemos hacer el mejor uso de la misma, aprenderemos a no reaccionar ante las circunstancias de la vida. Nuestras respuestas serán respuestas creativas y positivas.

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“En ninguna otra situación como en el duelo, el dolor producido es TOTAL: es un dolor biológico (duele el cuerpo), psicológico (duele la personalidad), social (duele la sociedad y su forma de ser), familiar (nos duele el dolor de otros) y espiritual (duele el alma). En la pérdida de un ser querido duele el pasado, el presente y especialmente el futuro. Toda la vida, en su conjunto, duele” Montoya Carrasquilla.


Es tan difícil para mí en estos momentos de dolor hablar de lo que significa el duelo, hace unos días tuve que atravesar por uno de los momentos más difícil de mi vida, la perdida de mi amado hermano, es difícil comprender que la muerte se lleva todo lo que no fue, pero nosotros nos quedamos con lo que tuvimos y saber que el dolor quema mucha superficialidad, pero sé que las condiciones de vida difíciles y sus pruebas no son un castigo de Dios.


El dolor por la pérdida de un ser querido es una de las experiencias más duras que los seres humanos tenemos que vivir. Es el precio del amor.


Sufrir una pérdida es como forjar un hierro candente, es la ocasión que nos es dada para crecer y la única razón de nuestra existencia. Se crece cuando se acepta el sufrimiento intentando comprender.


Así que el duelo ocurre tras cualquier clase de pérdida, aunque suele ser más intenso tras el fallecimiento de algún ser querido. No es un sentimiento único, sino más bien una completa sucesión de sentimientos que precisan de cierto tiempo para ser superado, no siendo posible el acortar este periodo de tiempo.


Creo que en las pocas horas o días que siguen al fallecimiento, de un pariente cercano o de un amigo, la mayoría de los afectados se siente simplemente aturdida o confundida ya que no se llegan a crecer, lo que realmente ha ocurrido.


Esta sensación puede tener lugar a pesar de que el fallecimiento hubiera sido esperado. Este entumecimiento o adormecimiento emocional puede ser de ayuda a la hora de afrontar los importante cometidos que hay que llevar a cabo tras el fallecimiento, tales como el contactar con los demás parientes y la organización del funeral.


Sin embargo, esta sensación de irrealidad puede llegar a ser un problema si persiste durante mucho tiempo.


Es así que surge una transformación. Si se escucha la voz interior y el propio saber interno, que con relación a uno mismo es el más importante, entonces, uno no se engañará y sabrá lo que debe hacer con su vida.


Es necesario tomar consciencia y no tener miedo. Abriéndonos a la espiritualidad y la comprensión. El sufrimiento entra en contacto con nuestro yo, con nuestro ser profundo.


"En el proceso de duelo, uno siente dolor de cuerpo, y dolor del alma; Nos duele el pasado, el presente y el futuro, que en estos momentos vemos incierto".


Un sentimiento común en el proceso del duelo suele ser el de culpa. Las personas en duelo con frecuencia piensan en todas aquellas cosas que les hubiera gustado decir y/o hacer y que no fueron posibles.


Pueden incluso llegar a pensar que podrían haber actuado de una forma diferente y que esto hubiera podido evitar la muerte de su ser querido. Este sentimiento es natural, extremadamente comprensible y muy frecuente.


Lamentablemente todos en esta vida tendremos que pasar alguna vez por la experiencia de la perdida de una persona querida.


La pérdida de un ser amado es psicológicamente tan traumática como herirse a quemarse gravemente lo es el plano fisiológico.


El duelo representa una desviación del estado de salud y bienestar, e igual que es necesario curarse en la esfera de lo fisiológico para devolver al cuerpo su equilibrio homeostático, asimismo es necesario un periodo de tiempo para que la persona en duelo vuelva a un estado de equilibrio similar.


Por esa razón Engel veía al proceso de duelo similar al proceso de curación, del mismo modo que los términos sano y enfermo se aplican a los cursos en el proceso de curación fisiológica, también se pueden aplicar al curso que toma el proceso del duelo.


Siguiendo las ideas de Freud acerca de los duelos, podemos ver que el duelo es un proceso y no un estado, eso implica tareas de elaboración de la perdida que requieren esfuerzo.


A algunas personas les cuesta concentrarse, estudiar o comer cuando están atravesando una etapa de duelo. Otras pierden el interés por actividades que solían disfrutar. Algunos se enfrascan en juegos de computación o beben o comen en exceso. Y otras personas se sienten adormecidas, como si nada hubiese ocurrido.


En estos días pensaba en lo que le ocurrió a una persona muy querida para mí, atravesó una escena de robo y violencia, y creo que la sensación de haber sido robada, de ser despojada de algo valioso, equivale a quedarse abrazando un espacio vacío.


Pero el Dolor es la reacción de aflicción ante la perdida, incluye una amalgama de respuestas con componentes físicos, emocionales y espirituales por la pérdida, como es la perdida de nuestros seres queridos.


Ante los duelos es importante considerar los mecanismos de afrontamientos, con los que cuenta quien ha sufrido una perdida a fin de evitar cualquier tipo de desarrollo de duelo complicado patológico.


Si el duelo se reprime o se oculta tras una fachada de fortaleza, bajo patrones de adicción al trabajo, al consumo de drogas, de sufrimiento y de vacio por la pérdida del ser querido. A corto o largo plazo esto suele generar síntomas físicos, enfermedades psicosomáticas, trastornos de conducta, depresión o duelo crónico.


Desde el punto de vista de la psicología es importante tener en cuenta que todo duelo bien elaborado debe llegar a su fin y las heridas mentales y emocionales deben cicatrizarse.


El trabajo de duelo de quienes hemos sufrido una pérdida de un ser querido, nos brinda la oportunidad para encontrar un nuevo sentido a nuestras vidas, teniendo una visión sobre la propia muerte como una realidad posible más cercana, para aceptarla y preparase para ese momento.


Si has perdido a un ser querido, como lo he perdido yo, es posible que pases por todo tipo de emociones. Es probable que estés triste, preocupado o asustado. Tal vez no estés preparado, estés impresionado o confundido.


Puedes sentirte enojado, engañado, aliviado, culpable, exhausto o simplemente vacío. Tus emociones pueden ser más intensas o más profundas que lo habitual, o estar entremezcladas de una manera que nunca habías experimentado.


Aunque la experiencia de la pérdida de una persona amada es parte inevitable de la vida adulta, aunque la probabilidad de tal pérdida aumenta cuando el individuo se envejece o cuando se vive en zonas de mucha violencia, aun cuando sabemos que es una experiencia traumática y muy dolorosa,


TODOS SABEMOS QUE PERDER UN SER QUERIDO ES UNA DE LAS TRAGEDIAS MÁS GRAVES QUE PUEDEN SUCEDERNOS. Todas estas emociones son reacciones naturales frente a la muerte. Lo que una vez disfrutamos, nunca lo perdemos. Todo lo que amamos profundamente se convierte en parte de nosotros mismos…

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Todos a lo largo de nuestra vida, nos encontramos con frecuencia frente a situaciones que nos suponen un dilema, momentos en los que hemos de ejercer, una de nuestras funciones psíquicas: la decisión.




Pero ¿realmente somos siempre capaces de decidirnos y hacer lo que deseamos, con entera libertad?


El miedo a decir que no a algo se asocia a varios factores; por un lado, el temor a no estar a la altura, a no saber argumentar la negativa o por simple pereza y comodidad. Se trata, en definitiva, del miedo a no ser valorados y queridos.


Esa dependencia va minando nuestra autoestima e imposibilita el libre ejercicio de la responsabilidad que propicia unas saludables y equilibradas relaciones de interdependencia con los demás, en las que decimos "sí" cuando lo consideramos adecuado y en las que mantenemos vigente la posibilidad a decir "no".


¿Tenemos miedo a decir no?


Creo que muy pocas personas podrían responder con un rotundo «sí, siempre», cuando nos sinceramos de verdad.


A veces tomar una decisión a la hora de elegir un objeto material, puede ser una tarea más o menos sencilla, pero hacer lo propio con elementos abstractos o con personas, tal vez no sea tan simple, si nos compromete afectivamente, si afecta a nuestros sentimientos.


En unos u otros casos juega un papel de vital importancia el miedo a ser rechazado, el miedo a dejar de ser querido, hasta el punto de inducirnos a vivir una vía «neurotizada», llena de angustia e infelicidad y sin defensa de los propios derechos.


El "no" puede resultar demasiado tajante y por ello, a veces es conveniente decir "si". Es un sí para ofrecer alternativas, exponiendo y defendiendo nuestros argumentos con convicción y firmeza pero eso sí, sin herir ni menospreciar a nadie. Y esto sólo es posible si previamente sabemos decir "no" sin sentirnos culpables por ello.


Cuántos de nosotros decimos si cuando en realidad quisiéramos decir no. ¿Por qué? Cómo aprender a decir no.


Dices si a un compañero de trabajo que te pide un favor cuando en realidad querías decir no.


Es asi que muchas veces decimos Si en lugar de No, porque no pensamos en las consecuencias de No decir No. No queremos molestar, queremos demostrar que somos buenas personas, solicitas y sin embargo luego acabamos aceptando responsabilidades o haciendo favores que en realidad no pudimos hacer.


El respeto por nosotros mismos y por nuestros valores debe anteponerse a cualquier temor o deseo de agradar.


El problema en estas ocasiones, es que a menudo tenemos que pagar por ir en contra, de lo que los demás esperan de nosotros, dado que el sentimiento de culpa concentra mucho poder, al conectarnos al miedo de no ser aceptados.


Para poder mantener una autoestima alta y, sobretodo, una vida psicológica y psíquica sana, es saber negarse a aquellas proposiciones o compromisos que en realidad no deseamos aceptar, que son cuestiones prácticamente indispensables.


¿Tu pareja te convence para ir a pescar cuando en realidad no te gusta? Tu mejor amiga o amigote llama cuando estás ocupada, pero eres incapaz de decir que no puedes hablar en ese momento


¿Por qué tememos negarnos a ciertas peticiones? ¿Por qué nos sometemos ante los deseos de los demás? ¿Pensamos, acaso, que nuestra autoestima es menos importante que satisfacer a los otros?


Pienso que muchos de nosotros, en nuestras vidas cotidianas, nos movemos dentro de esta trampa. Cuando debemos decidir entre nosotros o los demás nos angustiamos. Confundimos la humildad con el sacrificio, el favor con la obligación y nuestros derechos con las exigencias ajenas. Con frecuencia vamosde mártires por la vida y somos presas fáciles de otros sujetos de personalidad opuesta: los «aprovechados» que no dudan en utilizarnos.


“Recuerda que el tiempo es algo valioso, el que pierdes ya no se recupera. Aprender a decir no para muchas personas puede significar una liberación. Dejarán de ser víctimas, cuando dices si cuando en realidad no quieres puedes llegar a ser víctima de ti mismo y de personas que se aprovechen de tu buena voluntad. Aprender a decir no te ayudará a fortalecer tu autoestima”

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