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“Los manipuladores buscan persuadir a las personas para que traspasen sus límites. Les porfían hasta que acceden. Con insinuaciones, manipulan las circunstancias para salirse con la suya. Seducen a otros para que lleven sus cargas. Utilizan mensajes cargados de culpa.” (Cloud,H; Townsend,J.)






Cuando decidimos amar y ser amado, cuando Decidimos unirnos a otra persona para construir algo en común. La pareja!


Podríamos decir que es la sociedad más pequeña que existe y donde invertimos gran parte de nuestro capital afectivo. Conscientemente esta unión se realiza con la idea de que nos permitirá a ambos salir ganando.


Pero como en toda sociedad, uno de los peligros que acechan a la pareja son las luchas de poder. Éstas suelen darse cuando se olvida que existe un proyecto en común y uno o ambos miembros intentan imponer sus reglas y sus objetivos individuales.


Platón definía la política como el arte de vivir en sociedad. La pareja es una comunidad de dos personas, en la que puede darse tanto una lucha encarnizada por el poder como una pugna soterrada de control y subyugación. Pero también es posible construir una relación con una política democrática y solidaria, basada en el respeto y la comprensión mutuos.


Tanto en la vida de pareja como en general, en todo tipo de relaciones, es crucial una comunicación clara y honesta, que permita aclarar las situaciones ambiguas.


La manipulación está presente cuando se intenta controlar lo que dice o hace otra persona, cuando se exige sin dar opción a elegir, o cuando se menoscaba la autoestima ajena de manera más o menos capciosa. Implica, en suma, la utilización de otra persona para un beneficio propio.


Así como algunas imposiciones son transparentes y casi inofensivos, otros resultan más retorcidos y pueden terminar siendo destructivos. Ciertos individuos llegan a tiranizar a la persona con la que conviven utilizando el desdén, la humillación o la crítica. La manipulación llevada al extremo supone un maltrato psicológico, una agresión que no deja marca ni heridas, pero que no por eso resulta menos dañina.


Sin embargo, existen importantes diferencias de grado. A menudo se cae en el error de considerar este tipo de agresiones como un problema menor, algo menos grave que la pura expresión de violencia. Sin embargo, el maltrato moral suele ser la antesala y un ingrediente indispensable de lo que se conoce como maltrato físico.


La manipulación está presente cuando intentamos controlar lo que dice o hace otra persona, cuando le exigimos algo sin dejarle posibilidad de elegir, o cuando nos empeñamos en que cambie y se adecue a lo que deseamos, aunque todo esto lo hagamos creyendo que es por su bien.


Por ejemplo en el mundo de la pareja, se producen muchas veces juegos de dominación, en los que cada miembro adopta un papel diferente y aferra al otro con diferentes armas de manipulación. En ocasiones la relación se convierte en un campo de batalla, en el que ambos luchan para controlar la situación o reivindicar su punto de vista. Otras veces existe una clara jerarquía de poder y uno de los dos decide e impone, mientras que el otro acata sus órdenes.


La manipulación emocional, es una de las prácticas más utilizadas en las batallas de pareja. De forma inconsciente o voluntaria se exige a otra persona, que actúe según los propios deseos o necesidades, utilizando los sentimientos como arma. Los celos, las amenazas directas o veladas, la exigencia, infundir sentimientos de culpa o incluso una actitud victimista, son algunas de las estrategias manipuladoras más utilizadas.


A menudo no es fácil reconocer el chantaje emocional, dado que a veces está tan infiltrado en nuestras relaciones que no nos percatamos de cuándo somos víctimas de él ni cuándo lo empleamos. La pareja, por ser un espacio donde están sumamente implicados los sentimientos y muchas decisiones, supone un terreno idóneo para que aparezca.


Evidentemente existen diferentes grados de manipulación emocional. Algunos chantajes son más transparentes e inofensivos, otros más retorcidos. Algunos no implican apenas daño ni menoscabo para la otra persona, mientras que otros pueden resultar muy destructivos.


Hermann Hesse dice: Cuando se teme a alguien es porque a ese alguien le hemos concedido poder sobre nosotros.


Es así que ciertos individuos pueden llegar a tiranizar a la persona con la que conviven utilizando el desdén, la humillación, la crítica o la desvalorización. El abuso físico o verbal pueden ser manifestaciones extremas de manipulación, en los que el objetivo es anular la autoestima de la otra persona. Se intenta rebajar y degradar al otro para sobresalir y compensar un gran sentimiento de inseguridad.


El chantaje emocional puede adoptar diferentes formas. La clave está en provocar una mezcla de miedo, obligación y culpa para que la pareja acabe sucumbiendo a las propias expectativas. Para ello se pueden emplear estrategias tan diversas como: El castigo, el autocastigo, el silencio, el victimismo, la culpa, las promesas, etc.


Otra forma de darnos cuenta, es preguntándonos; si lo que estas habiendo en ese preciso momento es lo que queríamos hacer, si esto no es así, es que te estan saltando tus principios y valores por alguien, detecta quien es ese alguien y ahí tendrás a tu manipulador.


Si te descalifican diciendo "no puedo creer que seas tan egoísta", "sólo piensas en ti", "Pensaba que eras distinta/o a las demás, pero me equivoqué", "es la estupidez más grande que he oído".


Cuando la manipulación es constante o insidiosa puede actuar como carcoma en las bases de la relación, desgastando a la pareja. Entonces de la unión no se derivan ganancias, sino pérdidas, o sólo se enriquece uno de sus miembros, mientras que el otro resulta cada vez más empobrecido. Reconocer este juego de dominación es la única manera de desactivarlo.


Susan Forward considera las siguientes situaciones como indicadores de que se es objeto de un “chantajista emocional”, denominación interesante que ella rescata en su obra para referirse a una persona manipuladora. Ella afirma que con sólo experimentar una de las siguientes opciones, ya se es víctima de un/a manipulador/a:


-Amenazan con volverte difícil la vida si no haces lo que quieren;
-Amenazan constantemente con poner fin a la relación si no haces lo que quieren;
-Te dicen o dan a entender que se harán daño o se deprimirán si no haces lo que quieren;

-Siempre quieren más por mucho que les des;

-Habitualmente dan por sentado de que cederás;

-Habitualmente ignoran o no hacen caso de tus sentimientos y aspiraciones:

-Hacen generosas promesas que están supeditadas a tu comportamiento y rara vez las cumplen;

-Te tachan de egoísta, malo/a, interesado/a, superficial, insensible o descuidado/a cuando no cedes;

-Se deshacen en alabanzas cuando cedes y las retiran cuando te mantienes firme;

-Utilizan el dinero como arma para salirse con la suya.


Para concluir podríamos decir, que ante los manipuladores, hay que generar respuestas y habilidades de comunicación específicas. El estilo de comunicación debe ser asertivo, sin llegar a ser sumiso, defensivo o agresivo, sino más bien conciliador pero firme.


Hay que transmitirle a la persona manipuladora, la importancia de que se respeten y consideren nuestras necesidades y sentimientos, así como delimitarles hasta dónde voy a ceder. Esto a su vez ayudará, a que se pongan más en “nuestros zapatos” y desarrollen esa habilidad de empatía que tanta falta les hace.

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