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Reflexionando sobre la intervención que tienen en nuestra sociedad las OSC y el trabajo conjunto entre diferentes OSC permite comenzar a tejer las mallas de contención social que se quebraron por las sucesivas crisis y políticas adoptadas; el trabajo conjunto entre diferentes OSC supone reconocer que se incorporaron nuevos actores al espacio público; el trabajo conjunto entre diferentes OSC necesita que la intervención gubernamental no quede reducida a estructurar programas y proyectos sociales a través de sus agentes sociales o cuasi- funcionarios territorializados, sino que vaya unida a una distribución de la riqueza.

Es evidente el rechazo del ciudadano a un determinado formato de la política que lo conduce a identificarla como política de poder, como mera política de intereses. En cambio los ciudadanos no rechazan, como tampoco lo hacen las organizaciones sociales, una concepción comunitaria, que la convierte en vehículo de construcción de nexos sociales, en vehículo de deliberación y comunicación.

La ascendente labor de las OSC encierra, para muchos, grandes desafíos, uno de los cuales es el de su sustentabilidad. Hacen falta fondos, capacidad de analizar proyectos, la organización administrativa y financiera, etc.

Las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) se han transformado en un actor clave en la agenda de los asuntos públicos. Varias son las razones que colaboraron con este proceso. El advenimiento democrático, las sucesivas crisis socioeconómicas e incluso la actual etapa de reconstrucción, contribuyen a reconsiderar el protagonismo de estas organizaciones.

A) Al hacer referencia a las OSC y que las aleja del las instituciones de Estado, la exigencia es clara; se trata de ver bajo que criterios es posible hablar de participación en los ciudadanos y, en un nivel más complejo, hablar de participación de distintas comunidades donde el interventor se viene a situar, llamando interventor al Estado mismo.

La tarea del Estado es sin dudas informar y recibir inquietudes de los distintos sectores de la ciudadanía a través de sus organizaciones, y por otra parte, la participación organizada es, en primer lugar, una tarea a resolver por la ciudadanía. El Estado se abre y la sociedad civil debe situarse en organizaciones con un grado de organización serio, para lograr una mejor coordinación entre ambas. En este punto nos encontramos con un problema que pone en riesgo la intervención o participación de las organizaciones sociales en la elaboración de políticas públicas, excluyéndolas del proceso formativo de las políticas públicas y limitándolas solo al proceso de capacitación.

La participación se puede reducir entonces, a la disposición de información, la elaboración de un diagnóstico de necesidades, y el diseño, ejecución y evaluación de ciertos programas sociales. En realidad, modelos como el de capital social que pretende tabular los niveles de confianza, interés y asociatividad existentes entre los miembros de una comunidad determinada, pretende hacernos ver que la organización de la ciudadanía tiene que ver con cuestiones tecnocráticas y de implementación y por lo contrario, la realidad demuestra que se trata más de cuestiones políticas y culturales propias, ligadas a la misma ciudadanía.

Para que haya un acercamiento se debería tomar el desafío de generar democracias que incorporen nuevas formas y procesos de subjetivación y de constitución de identidades que no sean individualistas ni colectivistas, solo que busquen articular intereses propios con intereses generales de la totalidad de la ciudadanía.

Pensar de esta manera que la construcción de ciudadanía debiera articular un cruce entre lo común y lo propio, y se podría pensar que las democracias participativas es donde entendemos deberían intervenir los ciudadanos a través de sus organizaciones de base, donde tendrían verdadera participación y definirían un rol activo en la toma de decisiones, privilegiando la satisfacción colectiva y mancomunada en los procesos sociales, generando espacios expresivos “vivos” donde las políticas públicas puedan nutrirse.

Las organizaciones, “jamás pueden ni deben reemplazar la responsabilidad del Estado. No obstante, el trabajo articulado hace que los recursos humanos y materiales con los que el Estado cuenta pueden ser optimizados”. “Además el Estado no puede resolver solo todos los problemas, desde la sociedad civil se debe generar lazos de cooperación capaces de incidir en las políticas públicas, en pro de los niños, niñas y necesitados que muchas veces ven vulnerados sus derechos”.

B) Un ejemplo de cómo las acerca a las instituciones del estado, es la relación “cara a cara” de organizaciones y funcionarios municipales es una de las principales características de este tipo de articulación, definida también por el diálogo y el diseño conjunto de proyectos, antes que por el clientelismo ejercido desde un Estado benefactor con criterios partidarios o una puja por fondos en la que se confunden los roles y responsabilidades de cada parte.

No hay articulación posible en políticas sociales si la construcción no se da en los espacios más locales, más micro, relacionándose cara a cara, trabajando en conjunto en la identificación del problema, en la elaboración de soluciones, asumiendo compromisos en espacios colectivos. No se hace por decreto. Hay que construir relaciones entre personas con ideas diferentes, proyectos e historias, pero es posible, En varias localidad, organizaciones sociales llevan adelante, junto al municipio, un proyecto para facilitar el acceso y permanencia en la escuela de los niños de las zonas más vulnerables.

Mi reflexión en cuanto a todo esto, es que es posible trabajar junto al Estado, es bueno pero a veces se torna un poco difícil, porque sabemos que en el Estado hay mucha burocracia.

C) Que las aleja de las empresas privadas, me permite pensar que en nuestro país, la lógica de las empresas privadas es que actúan solo si son incluidas por los beneficios, ganancias o ventajas que se les ofrecen.

En la actualidad el vinculo que se pretende tener con las empresas privadas no se a logrado establecer muy bien, y unos ejemplos de alejamiento de las OSC de las empresas privadas es la casi nula inserción de los beneficiarios de los Planes de Jefas y Jefes de Hogar Desocupados en empresas privadas por lo que la contraposición (en el caso que se realice) se hace habitualmente en organizaciones barriales comunitarias u organizamos del estado municipal o provincial.

Es decir, que las empresas privadas, aun no se sienten movilizadas a conformar estos espacios de concentración que el estado pretende mantener.

D) Que las acerca a las empresas privadas. Desde una perspectiva tradicional, el estudio de la relación entre empresa y sociedad estuvo caracterizado por hacer hincapié en un contrato de tipo económico, fundado en la generación de valor, la creación de puestos de trabajo y la responsabilidad legal. Así, las empresas quedaban reducidas a ser organizaciones dedicadas a producir eficientemente bienes y servicios. En cambio, en la actualidad es posible visualizar una creciente tendencia a trascender su rol tradicional, plasmado en el contrato económico, e incluir un nuevo contrato social.

Así pues, en el seno de las empresas, surgieron nuevas preocupaciones dirigidas a articular las diferentes pretensiones de los grupos de interés como así también la de convertirse en buenos ciudadanos corporativos involucrados con su contexto.

Estos replanteos, entre otros aspectos, impulsaron el nacimiento de un nuevo modelo organizacional que toma en consideración a los impactos ocasionados por sus cadenas de valor.

De forma paralela a la consolidación de la centralidad de las empresas, se fue observando una importante pérdida de confianza en la capacidad del Estado y del mercado para manejar, por sí solos, los graves problemas de vulnerabilidad y exclusión planteados por la nueva cuestión social. Por consiguiente, el sector privado empezó a adquirir un alto nivel de visualización y relevancia, reflejado en la revalorización de las organizaciones del tercer sector. Por cierto, estas últimas fueron consolidándose como actores cada vez más significativos en la dinámica social ante el evidente fracaso del “efecto derrame” que suponía que el crecimiento económico era la condición suficiente para solucionar los problemas ocasionados por la desocupación, aunque -en realidad- fue incapaz de generar soluciones para los sectores menos favorecidos.

Las compañías, en especial las multinacionales, aumentaron su capacidad para configurar realidades referidas al campo económico y, a la vez, acrecentaron su protagonismo en el campo sociopolítico. De esta forma, el sector productivo reflejó una progresiva e inédita centralidad y sobre éste comenzaron a recaer nuevas demandas vinculadas al ejercicio de su labor. En este contexto, la discusión sobre la responsabilidad social empresaria comenzó a tomar más preeminencia puesto que los ciudadanos empezaron a presionar por patrones éticos y corporativos más exigentes. En particular, a partir de la revisión bibliográfica realizada, creo que las OSC tienen escasa capacidad asociativa de tipo horizontal, ellas se relacionan en forma individual con el estado y las empresas privadas, pero no entre ellas, lo que les quita autonomía y capacidad de presión.

30 de Mayo 2008. Universidad CAECE. Lic. N.A.

BIBLIOGRAFIA.

1 Lo Nuevo en los nuevos Movimientos Sociales.

2 Nueva Sociedad Separatas. Ilse Scherer-Warren. Redes sociales y de movimientos en la sociedad de la información. Artículo aparecido en Nueva Sociedad 196, marzo-abril 2005, pp 77-92.

3 Estado, mercado y sociedad civil en la Argentina actual. Una mirada desde la Universidad y algunas tesis para la discusión. Antonio Camou. 4 Campetella, Andrea, Inés González Bombal y Mario Roitter. 2000. "Definiendo al sector sin fines de lucro en la argentina". ed. Estudios sobre el sector sin fines de lucro en la argentina. Buenos Aires: Centro de Estudios de Estado y Sociedad.

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